El traductor (I) — The Translator (I)

Francisco Martínez
3 min readOct 19, 2017

El traductor (I)

Nadie puede imaginar que, viviendo actualmente en el año 3 214 de la era cristiana, todavía existan profesiones como la mía. Mi trabajo es una mezcla de intuición y ciencia. Soy arqueólogo. Y como también se trata de una actividad no exenta de sorpresas, nunca pensé que me iba a encontrar con un hallazgo de magnitudes bíblicas.

En una de mis visitas de trabajo a Jerusalén, un amigo palestino me indicó que en una zona aislada de la ciudad habían empezado a hacer excavaciones. Habían proyectado construir lo que iba a ser un complejo de investigación con diez plantas bajo el suelo. A cincuenta metros de profundidad, inesperadamente se encontraron con un asentamiento de la edad del cobre.

Con sumo cuidado fueron extrayendo los objetos que encontraban, y en el tercer estrato aparecieron cuatro cuerpos momificados, dos hombres y dos mujeres. ¿Cuerpos momificados en los años cuatro mil antes de Cristo en estas latitudes? No parecía posible. Como experto en el tema, pero extranjero, solicité un permiso al gobierno palestino-israelí para poder tener acceso a estudiar las momias.

La primera momia que decidimos analizar era un hombre. Cuando conseguimos dejar al desnudo su cuerpo, en sus manos descansaban sendas cajas de un material extraño, irreconocible por los expertos pero muy parecido a la peribita, descubierta en Marte alrededor del año 3 000 y cuyo nombre hace referencia a ‘desaparecer’ (en latín ‘peribit’). Este material tiene la característica de que cuando se le hace vibrar a determinada frecuencia, sus átomos se acercan unos a otros, desapareciendo el espacio vacío entre ellos y por tanto, desapareciendo también a efectos de los sentidos como la vista o el tacto.

Pensando que este material pudiera reaccionar como la peribita, se le aplicaron diferentes frecuencias de vibración y afortunadamente, cuando se llegó a un valor de 90 teravibraciones, el material desapareció dejando al descubierto el contenido de las cajas.

Continuará…

The translator (I)

No one can imagine that, currently living in the year 3 214 of the Christian era, there are still professions such as mine. My work is a mixture of intuition and science. I’m an archaeologist. And as it is also an activity that is not without surprises, I never thought that I would find a finding of biblical magnitudes.

In one of my work visits to Jerusalem, a Palestinian friend told me that in an isolated area of the city they had begun to make excavations. They had planned to build what was to be a research complex with ten floors below ground. At fifty meters deep, they unexpectedly encountered a settlement of the copper age.

They carefully extracted the objects they found, and in the third layer appeared four mummified bodies, two men and two women. Bodies mummied nearly the four thousand years before Christ in these latitudes? It did not seem possible. As an expert on the subject, but a foreigner, I applied for a permit from the Palestinian-Israeli government to have access to study the mummies.

The first mummy we decided to analyze was a man. When we managed to leave the body naked, in their hands rested boxes of a strange material, unrecognizable by the experts but very similar to the “peribite”, discovered on Mars around the year 3000 and whose name refers to ‘disappear’ (in Latin “peribit”). This material has the characteristic that when it is vibrate to certain frequency, its atoms approach each other, disappearing the empty space between them and therefore, also disappearing for the senses like the sight or the touch.

Thinking that this material could react as the “peribite”, different frequencies of vibration were applied and, fortunately, when a value of 90 teravibrations was reached, the material disappeared revealing the boxes contents.

To be continued …

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