Masks — Caretas

Francisco Martínez
3 min readSep 7, 2022

By day he was a torturer for the Inquisition. Every night he was becoming a devout and humble monk.

It was a clear night when he was returning to the monastery. He realized that someone was following him. He accelerated his pace. He heard the gasping breath of the stranger behind him. After somo yards in which it seemed that the heart was going to come out of his chest, he had the courage to stop. She could hear no one. The silence was absolute, but he dared not look back. He began to walk slowly and those steps sounding behind him hammered his ears again. He thought he was going to die when he noticed a slight pressure on his shoulder. He turned and saw someone very much like him but somewhat changed. The greenish skin, his eyes wideopen, the transparent cheeks…

-I’m coming to warn you. If you enter the monastery, this one you see will be your aspect within a week. You’ll be rotting underground. Someone waiting for you will kill you.

Before that apparition, he ran away in terror and entered the cell of the monastery without realizing that someone, in the dark corner of the tiny room, was awaiting his arrival.

-I am the soul of the one you executed this morning and I come to do justice. You will pay for so many crimes you have committed in the name of the Inquisition.

He opened the door to escape that nightmare and when he went out into the corridor he saw a procession of executed men waiting in silence to be witnessess that he would soon be dead. He had no chance of getting out of there alive. A fulminant attack put an end to his life.

The actors removed their masks and, satisfied, congratulated themselves on the death of the monk, and returned to their homes. The next day the Inquisition would have one less executioner.

De día ejercía de torturador para la Inquisición. De noche se convertía en un devoto y humilde monje.

Era una noche clara cuando regresaba al monasterio. Se dio cuenta de que alguien le seguía. Aceleró el paso. Oía la respiración agitada del extraño que iba tras él. Después de un trecho en el que parecía que el corazón se la iba a salir de pecho, tuvo la valentía de detenerse en seco. No oía a nadie. El silencio era absoluto, pero no se atrevía a mirar hacia atrás. Empezó a caminar despacio y aquellos pasos tras él volvieron a martillear sus oídos. Creyó morir cuando notó en su hombro una leve presión. Se volvió y se encontró con alguien muy parecido a él pero algo cambiado. La piel verdosa, los ojos desorbitados, las mejillas transparentes…

-Vengo a advertirte. Si entras en el monasterio, este que ves será tu aspecto dentro de una semana. Estarás pudriéndote bajo tierra. Alguien que te está esperando te asesinará.

Ante aquella aparición, salió corriendo despavorido y entró en la celda del monasterio sin percatarse de que alguien, en el ángulo oscuro del diminuto cuarto, aguardaba su llegada.

-Soy el alma del que has ejecutado esta mañana y vengo a hacer justicia. Vas a pagar por tantos crímenes que has cometido en nombre de la Inquisición.

Abrió la puerta para escapar de aquella pesadilla y cuando salió al pasillo vio a una procesión de ejecutados que esperaban en silencio para comprobar que dentro de poco estaría muerto. No tenía ninguna posibilidad de poder salir con vida de allí. Un ataque fulminante acabó con él.

Los actores se quitaron las caretas y satisfechos se felicitaron por la muerte de aquel monje, y volvieron a sus casas. Al día siguiente la Inquisición contaría con un verdugo menos.

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Francisco Martínez

Telecom engineer. International Relations, Translations.